18 septiembre 2016

El momento Perfecto!

Desde hace algunos años en ocasiones me despierto puntualmente a las 4 de la mañana. Es como un reloj inconsciente que se activa silenciosamente y en mi mente, por razones que desconozco, es la hora de partir. Sí, no es la hora de despertar, ni del alba, ni del día que amanece, es la hora oscura de la noche que despide a otros.

La primera vez no la recuerdo con detalle, lo que recuerdo es a mi mamá, acostada en la cama, diciéndome: tu abuelita se murió y por eso tu papá tuvo que ir a Colombia, duérmete. Recuerdo el cuarto y la casa. Mucho antes, hubo otra primera vez, y fue en el colegio, no preciso donde vivía, pero sí mi colegio y mi compañera Maryorie. Una mañana, las monjas organizaron un grupo de estudiantes, yo estaba en ese grupo porque era su amiga, probablemente nos lo dijeron pero no lo recuerdo. Lo que recuerdo con total claridad, es el momento cuando entramos a la sala de aquella humilde casa, ese hogar estaba en la vía y nos llevaron en un jeep, vivía en la Vega más allá de lo que yo a mi corta edad había ido y conocido. Nos bajamos y entramos, todos serios y ordenados, la sala era su cuarto y su cama un cajita blanca. La recuerdo dormida. 
Creo que pasaron muchos años, porque no recuerdo más de aquella época. La visita inesperada de la muerte, se quedó callada durante muchos años para mí, en ese tiempo quizá vino de madrugada, pero no la escuche, ni siquiera la percibí.

La gente importante de aquellos días, esa gente que está cerca de ti y se convierte en lo más parecido a tu familia, creo que toda esta viva. Incluso la Sra. Antonia, que ya debe tener más de 90 años, y sigue haciendo empanadas y vive en la misma casa con sus hijos;  Altagracia, Milagros, Lindo…. Y la vecina Lula que también fue vecina y amiga de la casa, y que muchos años después, perdió a su esposo Pedro, y también se hizo abuela de un montón de nietos de su único hijo.
Elida y Carolina, la mamá de Rosmary, Francis y su mamá, Indira, Cefora y Leonidas, Maria Antonia, Jaime y Amelia, El negro y Nelsy, Afonzo y Mary, lo primos que vivieron en casa: Pablo, Roberto y Libardo, la tía Rosa, todos despiertos y viviendo sus vidas… otros, de los que no supe más nunca hasta hoy, la tía Chepa y la Sra. Blanca, amigas de la casa entrañables que ya eran mayores en aquella época, es probable que hoy ya descansen y yo no lo sepa.

Pasaron tantos años como fue posible, y creo que fueron muchos, para conocer la ausencia y el dolor de la perdida. Antes de Ella, no conocía la tristeza de la muerte, creo que no había crecido. Mi tía se encargó de hacerme la vida feliz, todo lo que pudo, siempre que pudo y de la mejor manera que pudo. Helados,  pan dulce, ropa, muñecas, cine, concierto… Ella se encargó de tantas cosas como quiso, y me regaló su compañía hasta la universidad, esa misma que ella se forjo para mí, durante muchos años de limpieza en aquel edificio del Hatillo, de lunes a sábado el trabajo de otra casa, que también era como suya. Ella se encargó de no mostrarme el dolor de una enfermedad que la consumía. Un médico chino llego a nuestras vidas, y por mucho tiempo ir a la California a llevarla a sus citas, era un paseo a lo largo de la ciudad.  Ella asistía a tantos médicos y medicinas como era posible, la mayor parte de su vida la llevó cuidándose a sí misma para Vivir. Gastaba todo lo que tenía en su salud, y regalarme momentos de felicidad. No tuvo hijos, pero no tengo la menor duda que sus hijas fuimos mi hermana y yo.
Hay días que uno jamás olvidará, y aún los lloras si los recuerdas.  Fue un tiempo en el que ya estaba muy cerca de terminar la universidad, lamento haberme demorado porque no me pudo acompañar y era el motivo de su mayor orgullo. Esos días en el hospital, vecino en la universidad, yo vivía entre clases y cama de hospital, los horarios se conjugaron y en la misma oración yo vivía los dos tiempos, uno en el que la vida no para y otro en el que la vida se va apagando. Pase algunas noches cuidándola, entré y salí de ese lugar en todos los horarios que las trampas me permitieron, dormí en sillas y en el piso. Me negué a que le llevaran un cura, no podía decirle con su presencia que debía rendirse, quienes éramos nosotros para eso. Quienes? Si después de tantos años, toda una vida, durante casi 47 años, ella había luchado para vivir. Quienes éramos nosotros?... mi propósito era firme, y la acompañaría hasta el final.

Lo que pasa es que la vida y su gente, te dan lo que quieren… te regalan lo que quieren. Y tú con el tiempo, si aprendes, lo aceptas y lo agradeces. Esa mañana, después de una noche difícil, me pidió que me fuera a descansar, no podía hablar porque el dolor no la dejaba, pero me pidió con una sonrisa que me fuera a descansar, que ella estaría bien. Yo le creí.
A las 11 de la mañana estaba en una lavandería, cerca de donde vivía. Mi primo llegó y me pidió que fuéramos a la casa, nunca lo dijo o no lo recuerdo, creo que nunca lo quise oír. Desde esa hora hasta muchos días después, se desató una tormenta en mi alma. No paraba, era gris, lluviosa, oscura… no paraba. Todavía hoy la extraño muchísimo, la extraño y la recuerdo. Estoy convencida, desde que nació mi hija que está conmigo en la persona de la Abunani, su mejor amiga de aquellos días de trabajo en el hatillo. La Abunani nos cuida y consciente a las dos, casi como si fuera ella. Así lo siento.

Fue larga la tragedia de la perdida para mi familia y también para otros, en esos tres meses, cada mes, uno al mes, se fueron mi tía, el Sr. Tiberio gran amigo de mi papá, y la abuela Rosa, la mamá de mi mamá. Ahora que lo pienso, debe ser de allí, hace tantos años, que creo que cuando se abre la caja de pandora, salen no una ni dos, sino tres situaciones que me ponen a prueba.
Creo que, otros años después murió mi abuelito por parte de papá. El ultimo abuelito que me quedaba. Tranquilo casi son vista, con su paciencia y hermosa sonrisa, siempre de buen ánimo, se quedó dormido en una sillita. No lo vi, pero así está en mi mente su partida.

Uno no lo piensa, y mientras, el tiempo pasa… pasaron tantos años que casi lo olvidaba, aquello del dolor de la muerte de un ser amado. 
Ya habíamos acumulado tanto cariño y afecto, que para nosotras éramos hermanas. La conocí por su hermana Lexys, una compañera y mejor amiga imposible de la universidad. Con el tiempo, y de tanto andar juntas, su hermana menor, que no era tan pequeña, se unió a nosotras. De mucho en cuando, nos acompañaba a fiestas, salidas, encuentros, tareas, música, comidas… era una más de nosotras. Nos sabía todo, supongo que representábamos la posibilidad de ese mundo universitario, que aún ella no vivía, pero estaba pronta a vivir. Para mí, se graduó dos veces! Una de abogada y otra de comunicadora social, amaba una fiesta y no estaba tranquila nunca. Siempre activa y linda, llena de alegría y juventud. Y ni hablar de los novios, pretendientes por doquier. Es que era una catirita, rellenita, de esas que cuando caminan bailan, y tienen una cara hermosa!... esa era Heillen. Era eso y tanto más!... No sé porque, pero el tiempo y la vida tienen mañas y caminos raros, y uno los transita. Cuando miras atrás, te das cuenta que ha sido maravilloso el camino, porque te dieron algo que no esperabas, y es lo mejor que pudo ser. Así conocí y la vida me regaló una mejor amiga, una hermana.

La primera vez que me mudé sola, salí de su casa, que era mi refugio mientras estaba en caracas, estudiaba en el IESA y trabajaba. Heillen me acompañó en la mudanza, al punto que jamás olvidaría que en su vida había limpiado tanto. Se reía con alegría de aquel día de limpieza y libertad porque  amaba la idea de la independencia. Me visitaba de vez en cuando y financiaba económica y afectivamente, mi relación con Francisco. Era esa amiga, que está allí siempre y si llega tarde no importaba, porque siempre estaba a tiempo. Todo lo sabía, y los aciertos y desaciertos del amor los compartimos todos. Escuchábamos música de esa que te jurunga el alma hasta el llanto, y también cuanta cerveza podía haber la tomamos. Fuimos a la playa, rumbas y restaurantes de bajo presupuesto, hasta decir no más, los conocemos todos! Fueron mucho más que 11 años de amistad, había planes de futuro que incluían jugar,  salir y cuidar de nuestros hijos. Y aunque yo no me casé, y cerré la relación con Francisco, ella sí se casó y se abrió como el sol sale en este momento por mi ventana. Brillaba en su trabajo y siempre estaba en movimiento con el agua de un rio.
El esplendor dura lo que tenga que durar. Hay que saber apreciarlo, y como no sabemos cuánto durará, es mejor vivirlo intensamente y aprender a soltarlo cuando ya no está.

Ese día antes, compartimos compras y conversa en un centro comercial de la ciudad, luego se fue a un concierto de Guaco y yo me fui a cenar con unos amigos comunes. Nos unimos, luego de su concierto y estuvimos hasta las dos de la madrugada juntas, fuimos a comer más y a compartir con esos amigos de muchos años. En la tasca de Juancho, reímos y comimos sabroso, al salir compramos dos botellas de vino, una sería para ella y otra para mí, nos reírnos y nos abrazamos felices por comprarlas y sabernos hermanas. Por alguna razón, que jamás voy a conocer, mi decisión de esa madrugada me alejo de ella para no ver su partida. Su abrazo antes de subir al carro, lo recuerdo perfectamente, incluso sus palabras: “…marica, huevoneta, te conozco!! no me vayas a salir con que no vas…Hermanita nos vemos y sino, estamos hablando”…  y aunque no la volví a ver, creo que no he dejado de hablarle. Y de alguna forma, estoy convencida que me libró de un dolor superior que no podría haber soportado. A las 4 de la madrugada se fue. A las 7 de la mañana me desperté y de allí en adelante la caja de pandora se abrió durante meses, sólo un hecho desató, después de muchos años, un dolor que no recordaba y tampoco quería.
El tiempo ha pasado, y me alegra que pase. Es cierto que cura las heridas, y con suerte quedan cicatrices que me alegra no olvidar. De vez en cuando, como esta madrugada, toco las cicatrices y me recuerdan cosas tristes, pero más aún! Personas hermosas que han hecho y siguen haciendo mi vida.

Aún no la entiendo, pero es parte de la vida la muerte, y recordarla viva de alguna forma la revive, debe ser por eso que se celebra el día de muertos en México. Durante dos años he ido a vivir y a entender lo que significa celebrar la muerte, y descubrí que tiene mucho sentido para la propia vida recordar y celebrar la muerte.  Más aún, darse cuenta como retoña la vida de las personas a través de la vida misma.
Ahora, Ya amaneció, se abre el nuevo día, y nada lo detiene… entonces, Vamos a Vivir!
Espero que pasen muchos años más!