01 enero 2012

Mi mejor amigo…













Desde siempre ha estado allí, a mi lado. No puedo imaginar la vida sin él.
Por estos días es el centro de mis pensamientos. Juego con la memoria recordando todo lo que hemos vivido juntos.
Cuando yo no sabía que era el vértigo, y él tuvo miedo del propio, ambos lo enfrentamos. Me mostró que el amor supera los propios miedos, enseñando el valor de la afrenta para salir aún asustados, pero más fuertes. Cuando no era nada, me dio la oportunidad de ser, y aún en los mejores sueños de mi misma, no puedo encontrar mejor forma de ser yo. Él me hizo, me educó y llevó de la mano. Soy tan parte de él como la costilla de Adán, de donde nace Eva. Somos tan costillas uno del otro, que siempre juntos nos vemos como hermanos y nos reímos como amigos. Somos próximos y prójimos, pues siempre cerca el uno del otro nos acercamos a nuestras vivencias y nos contamos lo sucedido.
Lo que más amo de mí es justamente, lo que me ha dado, el privilegio de estar viva y ser su hija.
Claro que no siempre es tan romántico nuestro encuentro. Especialmente cuando mostramos que somos tercos como mulas y regios en nuestras decisiones, y el mal genio y la fuerza de nuestro impulso nos arrasa. Pero también tenemos un gran corazón, el mismo que por fuerza nos ha obliga a repensar la vida por estos días. No puedo imaginar mi vida sin él, tampoco puedo pensar el futuro que me resta en su ausencia, sería vacío, ausente de colores, sabores, alegría, esperanza… por no decir perdido, sería escaso de sentido.
Han sido días difíciles, aún me recupero del vacío y la sola idea de su ausencia. Poco a poco, recupero mis sentidos, los mismos que de niña mi mejor amigo me cultivó.
Hoy se vuelven relevantes mis palabras, y cobran sentido, para agradecer la vida y la oportunidad de seguir juntos. Hay mucho por aprender! Aún tenemos mucho por hacer juntos, aun restan lugares desconocidos por ambos, que debemos explorar. Hoy, cada día, todos los días, por el tiempo que tengamos lo aprovecharemos como el último, así sabremos que la dulce calaca que llevamos, nos recuerda la vida!