09 enero 2012

De animalitos del mar que suenan a Cri-Cri…

Hacer lo que hacemos porque nos gusta, en ocasiones denota mayor experticia que todo el conocimiento de lo que podamos saber. Lo mejor de ello, es que probablemente en la mayoría de los casos no seamos conscientes de ello.

Me preguntaron dónde y quién me enseñó hacer Paella, y la verdad no lo aprendí formalmente, sólo mirando y viendo parte del proceso, así fui haciendo mi propia receta. Es una mezcla rara de ingredientes que suman muchos animalitos del mar (donde a todos les hablo y los preparo para la fiesta del sabor, antes y durante la cocción) otras y muchas especias, que combinadas con el aliño, hacen de esta fiesta una preparación detallada y llena de colores, olores y texturas.


Esta es mi forma de hacer Paella, llena de orden y sin precisión. Son los ingredientes los que naturalmente van uniéndose para complementarse, y hacer paulatinamente a través del olor, una explosión de aromas que inundan el lugar. El mar llega a tu casa y con él, el agua salada, las conchas, caracoles y estrellas marinas… por un segundo, pudieras perderte en su aroma y la ensoñación que producen las caricias del mar hechas para los sentidos.


Hacerla no es cosa difícil, el ingenio y la razón combinados con los sentidos del gusto, la vista, el tacto, el olfato y mucho de pasión, son la clave! También es fundamental, y digo con especial énfasis esto, contar con un buen ayudante y de ser necesario, un mejor relevo. Compartir el gusto a través de los sentidos, probablemente haga el toque especial que a cuatro manos, solo se logra si hay una buena conexión. Pero no te precipites, en la preparación la calma y quizá un pieza de Edith Piaf, terminen por dar el toque especial.


Todo será perfecto, si te esfuerzas sólo un poco más. El cuidado a la hora de servir el plato, es la llave que la visión abre al gusto, es la puerta lenta que al abrirse nos descubre el placer lento al paladar. Entonces de principio a fin, regala los detalles y comparte con otros el placer que se descubre a través de los sentidos, y si al final alguno de los invitados emula con sonidos ese placer que se disfruta a través de la comida, entonces! Felicidades, ha sido un Cri Cri, explosión de colores que se llevan en la boca, la mente y quizá un lindo recuerdo.