23 noviembre 2011

El cansancio que descansa

¿Cuántos ejemplos de cansancio que descansa podríamos dar?...
Se me ocurren algunos: subir el Avila, remotar olas en el mar, caminar, en ocasiones: viajar... o quizá, hacer el amor con esa persona que amas...



Se trata de hacer lo que haces porque te gusta, aunque sepas que eso significa un cansancio, físico o espiritual. Cansarse no siempre significa que no disfrutes o no te guste el proceso, todo lo contrario! el cansancio lo que hace es que nos denota la entrega! y eso nos puede hacer muy felices.

Entonces si el cansancio es una consecuencia de la entrega, significa que al dar todo lo que tienes para sentirte vivo, activo, posible, capaz, feliz, estas entregándote! esta idea aparentemente simple es muy poderosa en si misma. A veces, antes de entregarnos ya estamos pensando en el cansancio que esto nos dará, y quizá esa idea nos limite la entrega.

¿Cómo pensamos recibir? si poco estamos dispuestos a entregar.

Entregarnos es una apuesta que siempre tendrá implicaciones. No puede ser de otra manera. Una de las que más temo es el cansancio de la rutina, de las consecuencias en el día a día, de aquello que no podemos cambiar y decidimos seguir viviendo. Esos son los cansancios que dan miedo!...

Yo prefiero los que me dan descanso, aquellos que al acabar me dejan ese tibio descanso en el alma. Aquellos que encuentro a cada paso cuando en el sendero, la naturaleza te anima a seguir, cuando no has dejado pasar una ola y ya estas remontando la otra, cuando cada paso al ritmo de la música me invita a ir más rápido, casi a punto de correr!, cuando exhausta de la entrega pasional, caes rendido al lado del otro y sólo sonrries de absoluta alegría... Estos, entre muchos otros, son los cansacios que descansan.