20 julio 2009

Lo que queda por vivir.- Enrrique Bunbury


Lo que queda por vivir, no volveré a pedir permiso,
sólo tengo un compromiso que te aviso desde aquí.

Creíste que de esta no saldría, que tendría que retroceder,
al fin perder mi chulería; ese día no lo vas a ver.
No es que yo no sepa perder, es que no sé ceder fácilmente,
lo que piense la gente, ¿para qué lo he de tener yo presente?

Ahora mismo, lo único urgente, es ir de frente con mi poca verdad.
Los demás tienen ya suficiente, con su suerte, y con su libertad.
Si tuviera dos o tres más vidas, haría lo mismo una y mil veces,
que con creces me dieron de más, mucho más de lo que uno merece.

Lo que queda por vivir, no volveré a pedir permiso,
sólo tengo un compromiso que te aviso desde aquí.

17 julio 2009

Homo Sexualis.- Sygmunt Bauman

"Tal y como lo afirmara Levi- Strauss, el encuentro entre los sexos es el terreno en el que la naturaleza y cultura se enfrentaron por primera vez. Asimismo, es punto de partida y origen de toda cultura. El sexo fue el primer componente de los atributos naturales del Homo Sapiens sobre el que se grabaron distinciones artificiales, convencionales y arbitrarias: la industria de base de toda cultura, la prohibición del incesto, que dibide a las hembras en elegibles y no elegibles para la cohabitación sexual.

Es evidente que esta función del sexo no fue accidental. De todos los impulsos, inclinacines y tendencias "naturales" del serr humano, el deseo sexual fue y sigue siendo el más irrefutable, obvia y unívocamente social. Se dirige a otro ser humano, exige la presencia de otro ser humano, y hace denodados esfuerzos por transformar ese presencia en una unión. Añora la unidad y hace de todo ser humano alguien incompleto y deficiente a menos que se una a otro, por más realizado y autosuficiente que sea en otros aspectos.

La cultura nació de ese encuentro entre los sexos. En él, la cultura ejerció por primera vez su capacidad creativa de diferenciación. Desde entonces, la íntima cooperación de naturaleza y cultura en todo lo que se refiere a lo sexual no ha cesado, y menos aún ha sido abandonada. A partir de entonces, el Ars Erotica, una creación eminentemente cultural, ha guiado el impulso sexual hacia su satisfacción: la unión de los seres humanos".

13 julio 2009

Enamorarse y desenamorarse.- Sygmunt Bauman

"Tal como observó Knud Lögstrup -primero, el amable evangelista de la parroquia de Funen y, más tarde, el filósofo ético con voz de clarín de la Universidad de Aarhus-, hay dos perversiones divergentes que esperan, emboscadas, al comunicador desprevenido o irreflexivo. Una es la "clase de asociación que, debido a la pereza, el miedo a la gente o una propensión por las relaciones cómodas, consiste simplemente en tratar de complacer al otro evitando siempre el tema. Con la posible excepción de una causa común contra un tercero, no hay nada que promueve tanto una relación cómoda como la mutua adulación". Otra perversión consiste en "querer cambiar a la gente. Tenemos opiniones definidas acerca de cómo hacer las cosas y de cómo deberían ser los otros. Estas opiniones carecen de comprensión, porque cuanto más definitivas son las opiniones, tanto más necesario es que no nos distraigamos comprendiendo demasiado a los que queremos cambiar".

El problema es que ambas perversiones suelen ser hijas del amor. La primera perversión puede ser resultado de mi deseo de comodidad y paz, tal como sugiere Knud. Pero también puede ser - y suele ser así- producto de mi amoroso respeto por el otro: te amo, y por eso te dejo ser como eres y como quieres ser, por más que dude de la sabiduría de tu elección. A pesar del daño que tu la obstinación pueda causarte, no me atrevo a contradecirte, para que no te veas obligado en elegir entre tu libertad y mi amor. Puedes contar con mi aprobación pase lo que pase... y como el amor sólo puede ser posesivo, mi generosidad amorosa está asistida por la esperanza: este cheque en blanco es un don de mi amor, un don precioso que no se encuentra en otra parte. Mi amor es ese tranquilo refugio que buscabas, y que necesitabas aunque no lo buscaras. Ahora puedes descansar y dejar de buscar...

Es la posesividad del amor en acción, pero una clase de posesividad que se manifiesta en la contención y el autodominio.

La segunda perversión es la de la posesividad del amor dejada en libertad sin ninguna restricción. El amor es una de las respuestas paliativas a la bendición/maldición de la individualidad humana, uno de cuyos atributos es la soledad que provoca la condición de estar separado del resto (tal como sugiere Erich Fromm, los humanos de todas las épocas se enfrentan con la respuesta a la misma pregunta: la que plantea cómo superar la separación, cómo lograr la unión, cómo transcender la vida individual y "encontrarse siendo uno con otros") Todo amor está teñido del impulso antropofágico. Todos los amantes quieren dominar, extirpar y limpiar la irritante alteridad que los separa del ser amado; la separación del amado es el miedo más intenso del amante, y muchos amantes llegan a cualquier extremo para exterminar de una vez por todas al espectro de la despedida. ¿Y qué mejor medio de alcanzar ese objetivo que convertir al amado en parte inseparable del amante? adonde vayas yo voy; lo que hagas, lo hago; lo que yo acepte, tú lo aceptas; lo que yo aborrezca, lo aborrecerás tú. Si no puedes ser mi gemelo siamés... ¡Sé mi Clon!

La segunda perversión tiene otra raíz, que se hunde en la adoración del amante por el amado. En su introducción a la colección de textos que lleva como título Philosphies of love, David Norton y Mary Kille relatan la historia de un hombre que invitó a cenar a sus amigos para que conocieran la perfecta encarnación de la belleza, la virtud, la sabiduría y la gracia, en suma, a la mujer más adorable del mundo. Más tarde, ese mismo día, ante la mesa del restaurante, los amigos invitados se esforzaron por ocultar su asombro: era esa la criatura cuya belleza obnubilaba la de Venus, Elena y Lady Hamilton. A veces resulta dificil distinguir la adoración del amado de la adoración a uno mismo; se puede atisbar el rastro de un ego expansivo pero inseguro, desesperado por confirmar sus inciertos méritos por medio de su reflejo en el espejo o, mejor aún, de un adulador retrato, laboriosamente retocado. ¿No es cierto, acaso, que algo de mi valor único se le ha contagiado a la persona de yo he elegido para que sea sólo mi compañera? En el dislumbrante brillo de la elegida, mi propia incandescencia encuentra su reflejo centelleante. Eso aumenta mi gloria, la confirma y la respalda, transmite la noticia y la prueba de mi gloria a donde quiera que vaya.

Mi amada podría ser una tela donde pintar mi perfección en toda su magnificencia y esplendor, ¿pero no aparecerán manchas y borrones? Para limpiarlos, o para ocultarlos en caso de que estén muy adheridos y sea imposible eliminarlos, hay que limpiar y preparar el lienzo antes de empezar a pintar, y luego estar muy atento para asegurarse de que los rastros de la antigua imperfección no emergerán de su escondite bajo sucesivas capas de pintura. Cada momento de descanso tiene un precio, hay que restaurar y repintar sin descanso...

Ese esfuerzo infinito también es una labor amorosa. El amor estalla de energia creativa; una y otra vez esa energía se libera a través de una explosión o de un flujo constante de destrucción. Mientras tanto, la persona amada se ha convertido en una tela. Preferentemente una tela en blanco. Sus colores naturales se han desteñido, de modo de no alterar o desfigurar el retrato del pintor. El pintor no necesita preguntarse cómo se siente la tela allá abajo, sosteniendo toda esa pintura. Las telas de lienzo no hablan. Pero las telas humanas a veces pueden hacerlo".

10 julio 2009

Pastillas para no soñar.- Joaquín Sabina


Si lo que quieres es vivir cien años
no pruebes los licores del placer.
Si eres alérgico a los desengaños
olvídate de esa mujer.
Compra una máscara antigás,
manténte dentro de la ley.
Si lo que quieres es vivir cien años
haz músculos de cinco a seis.
Y ponte gomina que no te despeine
el vientecillo de la libertad.
Funda un hogar en el que nunca reine
más rey que la seguridad.
Evita el humo de los puros,
reduce la velocidad.
Si lo que quieres es vivir cien años
vacúnate contra el azar.
Deja pasar la tentación
dile a esa chica que no llame más
y si protesta el corazón
en la farmacia puedes preguntar:
¿Tiene pastillas para no soñar?
Si quieres ser Matusalénvigila tu colesterol
si tu película es vivir cien años,
no lo hagas nunca sin condón.
Es peligroso que tu piel desnuda
roce otra piel sin esterilizar,
que no se infiltre el virus de la duda
en tu cama matrimonial.
Y si en tus noches falta sal,
para eso está el televisor.
Si lo que quieres es cumplir cien años

no vivas como vivo yo.

Deseo y Amor .- Sygmunt Bauman

"El deseo es el anhelo de consumir. De absorber, devorar, ingerir y digerir, de aniquilar. El deseo no necesita otro estímulo más que la presencia de alteridad. Esa presencia es siempre una afrenta y una humillación. El deseo es el impulso a vengar la afrenta y disipar la humillación. Es la compulsión de cerrar la brecha con la alteridad que atrae y repele, que seduce con la promesa de lo inexplorado e irrita con su evasiva y obstinada otredad. El deseo es el impulso a despojar la alteridad de su otredad, y por tanto, de su poder. A partir de ser explorada, familiarizada y domesticada, la alteridad debe emerger despojada del aguijón de la tentación, sin ningun acicate. Es decir, si es que sobrevive a tal tratamiento. Sin embargo, lo más posible es que, en el curso del proceso, sus restos no digeridos hayan pasado del terreno consumible al de los desechos.


Lo que se puede consumir atrae, los desechos repelen. Después del deseo llega el momento de disponer de los desechos. Según parece, la eliminación de lo ajeno de la alteridad y el acto de deshacerse del seco caparazón se cristalizan en el júbilo de la satisfacción, condenado a desaparecer una vez que la tarea se ha realizado. En esencia, el deseo es un impulso de destrucción. Y, aunque oblicuamente, también un impulso de auto-destrucción; el deseo está contaminado desde su nacimiento con el deseo de la muerte. Sin embargo, éste es su secreto mejor guardado y, sobre todo, guardado de sí mismo.

Por otra parte, el amor es el anhelo de querer y preservar el objeto querido. Un impulso centrífugo, a diferencia del centrípeto deseo. Un impulso a la expasión, a ir más allá, a extenderse hacia lo que está allá afuera. A ingerir, absorber y asimilar al sujeto en el objeto, y no a la inversa como en el caso del deseo. El deseo es ampliar el mundo: cada adición es la huella viva del yo amante; en el amor el yo es gradualmente transplantado al mundo. El yo amante se expande entregándose al objeto amado. El amor es la superviviencia del yo a través de la alteridad del yo. Y por eso, el amor implica el impulso de proteger celosamente, cercar, encarcelar. Ama significa estar al servicio, esta a disposición, esperando órdenes, pero también puede significar la expropiación y confiscación de toda responsabilidad. Dominio a través de la entrega, sacrificio que paga con engrandecimiento. El amor y el ansia de poder son gemelos siameses: ninguno de los dos podría sobrevivir a la separación.

Si el deseo ansía consumir, el amor ansía poseer. En cuanto la satisfacción del deseo es colindante con la aniquilación de su objeto, el amor crece con sus adquisiciones y se satisface con su durabilidad. Si el deseo es autodestructivo, el amor se autoperpetúa.

Como el deseo, el amor es una amenaza contra su objeto. El deseo destruye su objeto, destruyendose a si mismo en el proceso; la misma red protectora que el amor urde amorosamente alrededor de su objeto, lo esclaviza. El amor hace prisionero y pone en custovia al cautivo: arresta para proteger del propio prisionero.

El deseo y el amor tienen propositos opuestos. El amor es una red arrojada a la eternidad, el deseo es una estratagema para evitarse el trabajo de urdir esa red. Fiel a su naturaleza, el amor luchará por perpetuar el deseo. El deseo por su parte, escapará de los grilletes del amor.

Hoy ES un gran día!.- (Serrat y Sabina)



Hoy puede ser un gran día,

plantéatelo así,

aprovecharlo o que pase de largo,

depende en parte de ti.

Dale el día libre a la experiencia

para comenzar,

y recíbelo como si fuera

fiesta de guardar.

No consientas que se esfume,

asómate y consume

la vida a granel.

Hoy puede ser un gran día,

duro con él.



Hoy puede ser un gran día

donde todo está por descubrir,

si lo empleas como el último

que te toca vivir.

Saca de paseo a tus instintos

y ventílalos al sol

y no dosifiques los placeres;

si puedes, derróchalos.

Si la rutina te aplasta,

dile que ya basta

de mediocridad.

Hoy puede ser un gran día

date una oportunidad.



Hoy puede ser un gran día

imposible de recuperar,

un ejemplar único,

no lo dejes escapar.

Que todo cuanto te rodea

lo han puesto para ti.

No lo mires desde la ventana

y siéntate al festín.

Pelea por lo que quieres

y no desesperes

si algo no anda bien.

Hoy puede ser un gran día

y mañana también.



Hoy puede ser un gran día

duro, duro, duro con él.

La naturaleza del Amor.- Sygmunt Bauman

Los textos de este autor me tienen atrapada de interés... y como siempre, los quiero compartir con ustedes. Abrazos!



"En el simposio de Platón, Diotima de Mantinea le señaló a Socrates, con el asentimiento absoluto de éste, que "el amor no se dirige a lo bello, como crees", "sino a concebir y nacer en lo bello". Amar es desear "concebir y procrear" y por eso el amante busca y se esfuerza por encontrar la cosa bella en la cual pueda concebir. En otras palabras, el amor no encuentra su sentido en el ansia de cosas ya hechas, completas o terminadas, sino en el impulso a participar en la construcción de esas cosas. El amor está muy cercano a la trascendencia; es tan sólo otro nombre del impulso creativo y, por lo tanto, está cargado de riesgos, ya que toda creación ignora siempre cuál será su producto final.


En todo amor hay por lo menos dos seres, y cada uno de ellos es la incognita de la ecuación del otro. Eso es lo que hace que el amor parezca un capricho del destino, ese inquietante y misterioso futuro, imposible de prever, de prevenir o conjurar, de apresurar o detener. Amar significa abrirle la puerta a ese destino, a la más sublime de las condiciones humanas en la que él miedo se funde con el gozo en una aleación indisoluble, cuyos elementos ya no pueden separarse. Abrirse a ese destino significa, en última instacia, dar libertad al ser: esa libertar que está encarnada en el Otro, el compañero del amor. Como lo expresa Erich Fromm: "En el amor individual no se encuentra satisfacción (...) sin verdadera humildad, coraje, fe y disciplina"; y luego agrega inmediatamente, con tristeza, que en "una cultura en la que esas cualidades raras, la conquista de la capacidad de amar será necesariamente un raro logro"


Sin humildad y coraje no hay amor. Se requieren ambas cualidades, en cantidades enormes y constantemente renovadas, cada vez que uno entra en un territorio inexplorado y sin mapas, y cuando se produce el amor entre dos o mas seres humanos, éstos se internan inevitablemente en un terreno desconocido".

08 julio 2009

Si llego a Besarte- Omara Portuondo

Dicen que tus caricias
no han de ser mías...

que en mis amantes brazos

no he de estrecharte.



Y yo he soñado anoche

que me querías y aunque despues me muera

quiero besarte.



Dame un beso y olvida que me lo has dado,

yo te ofrezco la vida

si me la pides.



Que si llego a besarte

como he soñado,

ha de ser imposible

que tú me olvides.

07 julio 2009

¿Y cómo sabemos del amor?- Sygmunt Bauman

"¿Y cómo sabemos que no hemos sido desdeñados o considerados un caso perdido, que el amor está llegando, puede llegar, llegará, que somos dignos de él y por lo tanto tenemos derecho a permitirnos el amour de soi, y a gozar de él? Lo sabemos, creemos saberlo, y cuando nos hablan y nos escuchan confirmamos que nuestra convicción era acertada. Cuando se nos escucha atentamente, con un interés que delata y señala la voluntad de responder, suponemos que somos respetados. Es decir, suponemos que lo que pensamos, hacemos o nos proponemos hacer tiene importancia.

Si otros me respetan, obviamente debe haber "en mí" algo que sólo yo puedo ofrecerle a los otros; y obviamente existen esos otros, sin duda, a quienes les gustará y agradecerán el ofrecimiento. No soy un cero, alguien a quien se puede remplazar y desechar fácilmente. Yo "hago una diferencia", y no sólo para mí mismo. Lo que digo y lo que soy realmente importa, y no se trata sólo de una fantasía mía. Sea cual fuere el mundo que me rodea, ese mundo sería más pobre, menos interesante y menos promisorio si yo súbitamente dejara de existir o me marchara a otra parte.

Si eso es lo que nos convierte en adecuados y dignos objetos del amor a uno mismo, entonces la demanda de "ama al prójimo como a ti mismo" (es decir, suponer que el projimo desea ser amado por las mismas razones que nos inducen a amarnos a nosotros mismos) implica el deseo del prójimo de que se reconozca, admita y confirme su dignidad, su posesión de un valor único, irremplazable y no desechable. Amar al prójimo como nos amamos a nosotros mismos significaría entonces respetar el carácter único de cada uno, el valor de nuestras diferencias que enrriquecen el mundo que todos habitamos y que lo convierten en un lugar más fascinante y placentero, ya que amplían aún más su cornucopia de promesas"

Un mundo raro- Chavela Vargas


Cuando te hablen de amor y de ilusiones

y te ofrezcan un sol y un cielo entero,

si te acuerdas de mí, no me menciones

porque vas a sentir amor del bueno.
Y si quieren saber de tu pasado
es preciso decir, una mentira
di que vienes de allá, de un mundo raro
que no sabes llorar, que no entiendes de amor
y que nunca has amado.
Porque yo a dónde voy, hablaré de tu amor como un sueño dorado,
olvidando el rencor, no diré que tu adiós me volvió desgraciado.
Y si quieren saber de mi pasado
es preciso decir otra mentira
les diré que llegué de un mundo raro
que no sé del dolor, que triunfé en el amor
y que nunca he llorado.
Y si quieren saber de tu pasado
es preciso decir, una mentira
di que vienes de allá, de un mundo raro
que no sabes llorar, que no entiendes de amor
y que nunca, tú nunca has amado.

06 julio 2009

¿Qué significa el amor a uno mismo?... Sygmunt Bauman

"¿Qué es lo que amo en mí mismo?, ¿qué es lo que amo, cuando me amo a mí mismo?
Nosotros los humanos, compartimos los instintos de supervivencia con nuestros primos más cercanos, no tan cercanos y lejanos, los animales, pero cuando se trata del amor a uno mismo, nuestros caminos divergen y nos encontramos solos.

Es verdad que el amor a uno mismo impulsa a "aferrarse a la vida", a tratar con todo empeño de permanecer con vida para bien o para mal, a resistir y a luchar contra cualquier cosa que amenace con una prematura o abrupta finalización de la vida, y a proteger o, mejor aún, a roforzar nuestra capacidad y vigor para asegurar que nuestra existencia sea eficaz...

La supervivencia (la supervivencia animal, la supervivencia física y corporal) puede conseguirse sin el amor a uno mismo. De hecho! puede lograrse mejor sin el amor a uno mismo que gozando de su compañía! Es posible que los caminos de la supervivencia y el amor a uno mismo corran paralelos, pero también pueden correr en direcciones opuestas... El amor a uno mismo puede rebelarse contra la continuación de la vida. Puede instarnos a invitar el peligro y a darle la bienvenida a la amenaza. El amor a uno mismo puede empujarnos a rechazar una vida que no está a la altura de ese amor y que resulta, por lo tanto, indigna de ser vivida.

Porque lo que amamos en nuestro amor a uno mismo es la personalidad adecuada para ser amada. Lo que amamos es el estado o la esperanza, de ser amados. De ser objetos dignos de amor, de ser reconocidos como tales, y de que se nos dé la prueba de ese reconocimiento.

En suma: para sentir amor por uno mismo, necesitamos ser amados. La negación del amor -la privación del estatus de objeto digno de ser amado- nutre el autoaborrecimiento. El amor a uno mismo está edificado sobre el amor que nos ofrecen los demás. Si se emplean sustitutos para construirlo, puede haber una semejanza, por fraudulenta que sea, de ese amor. Los otros deben amarnos primero para que podamos amarnos a nosotros mismos"

04 julio 2009

El Rescate.- Enrique Bunbury

Desde la plaza de armas de un lugar cualquiera,
te escribo una carta para que tú sepas lo que ya sabías,
aunque no lo dijeras.

Espero que llegue a tus manos y,
que no la devuelvas.
Que pagues el rescate que abajo te indico.

Yo tampoco me explico, por qué no acudí antes a ti. Pero nadie puede salvarme,
nadie sabe lo que sabes,
y tampoco entregarían lo que vale mi rescate.

No hay dinero, ni castillos,
ni avales, ni talonarios,
no hay en este mundo, -aunque parezca absurdo-, ni en planetas por descubrir, lo que aquí te pido.

Y no te obligo a nada que no quieras.
Las fuerzas me fallan, mis piernas no responden;
te conocen, pero no llegan a ti.

Decidí por eso mismo, un mecanismo de defensa.
Presa como está mi alma, con la calma suficiente,
ser más fuerte, y enfrentarme cuanto antes a la verdad,
sin dudar un segundo, lo asumo,
sólo tú puedes pagar el rescate.

Devuélveme el amor que me arrebataste,
o entrégaselo, lo mismo me da, al abajo firmante;
pues no hay en este mundo, -aunque parezca absurdo-,
ni en planetas por descubrir, lo que aquí te pido.

Y no te obligo a nada que no quieras.
Las fuerzas me fallan, mis piernas no responden,
te conocen, pero no llegan a ti.
http://www.youtube.com/watch?v=dKuYkZ19VUk&ob=av2e

03 julio 2009

Sobre la dificultad de Amar al prójimo.- Zygmunt Bauman

Quiero compartir un estracto del texto Amor Líquido de Sygmunt Bauman...

..."El Precepto que exige "ama a tu prójimo como a ti mismo", dice Freud (en El Malestar de la Cultura), es una de los fundamentales de la vida civilizada. Y es también el más opuesto a la clase de razón que promueve la civilización: la razón del autointerés y de la búsqueda de la propia felicidad. Ese precepto fundante de la civilización sólo puede ser aceptado, adoptado y practicado si uno se rinde ante la admonición teológica credere quia absurdum, creerlo porque es absurdo.

De hecho, basta con preguntar "¿por qué debería hacerlo? ¿qué beneficio me reportaría?" para percibir el absurdo carácter de la exigencia de amar a nuestro prójimo, a cualquier prójimo, por el sólo hecho de ser nuestro prójimo. Si amo a alguien, es porque esa persona debe merecerlo de alguna manera... "Y lo merece si en ciertos sentidos importantes es tan semejante a mí como para que pueda amarme a mí mismo amando a ella o él; y lo merece si es más perfecto que yo mismo como para que pueda amar en ella o él el ideal de mi propia persona... Pero si esa persona me resulta extraña y no puede atraerme gracias a su propio valor o a la importancia que pueda haber cobrado en mi vida emocional, me resultará muy difícil amarla". Y la exigencia resulta aún más molesta e insensata, ya que con frecuencia no logro descubrir ninguna evidencia de que esa persona extraña a la que supuestamente debo amar me ame o muestre por mí siquiera "una mínima consideración". "En el momento en que le convenga, no vacilará en herirme, burlarse de mí, calumniarme y demostrarme que tiene más poder que yo..."

Y sí, Freud se pregunta "¿Qué sentido tiene un precepto enunciado de una manera tan solemne si su cumplimiento no puede ser recomendado como algo razonable?". Buscando una respuesta, uno esta tentado de concluir, contrariamente al sentido común, que "ama a tu prójimo" es "un mandamiento que en realidad está justificado por el hecho de que no hay más nada que contrarreste tan intensamente la naturaleza humana original. Y cuanto menos se obedezca una norma, tanto más obstinadamente se la anunciará. Y el mandato de amar al prójimo es, tal vez, el que probablemente menos se obedecerá. Cuando un converso en ciernes le pidió a un sabio talmúdico Rabbi Hillel que le explicara la enseñanza de Dios en el tiempo que fuera capaz de permanecer parado sobre un sólo pié, el sabio replicó que "Ama a tu prójimo como a ti mismo" era la única respuesta completa, que concentraba la totalidad de los mandamientos divinos.

Aceptar ese mandamiento es un salto a la fe, un salto decisivo, por el cual un ser humano se despoja de la coraza de los impulsos y predilecciones "naturales", adopta una postura alejada y opuesta a su naturaleza y se convierte en un ser "no- natural" que, a diferencia de las bestias (y, por cierto, de los Angeles, tal como señaló Aristóteles), es lo que distinque al ser humano. La aceptación del precepto de amar al prójimo es el acta de nacimiento de la humanidad..."