14 junio 2008

Los Enciclopedistas Persas. Cuento Persa

Con la llegada del otoño en los jardines imperiales del palacio de Ctesifonte se respiraba una cierta inquietud desde hacía algunos días. Esa mañana perdida en los anales de la historia, las hermosas fuentes resplandecían a sus dos paseantes, acompañados de la orgía cromática, la penetrante mirada perdida de uno contrastaba con el goce de la mirada distraída del otro.

- Dime mi amigo, ¿qué pensamientos te perturban esta preciosa mañana en tumente? Te noto algo distraído ¿Es la derrota en Edessa la fuente de su inquietud?
- El emperador considera el fracaso de nuestra campaña y esta tregua con los romanos como un tiempo para la reflexión, la dedicación al imperio y la preparación de una nueva campaña. Más pesa en su corazón que un campesino no posea semillas que esa derrota.
- Si no es esto entonces, cuéntame tu inquietud noble Samaran, ya sabes que me gusta escuchar sus ideas.
- Y yo aprecio vuestro siempre imprescindible consejo mi amigo Nábedes. He empezado a notar que la vejez empieza a florecer en mi piel y a pesar la satisfacción mostrada por nuestro emperador sobre mi labor administrativa tengo la sensación de que me falta algo por hacer, algo de corte más intelectual. Y tengo la sensación de que se me ha presentado recientemente la posibilidad de rellenar este vacío, llevo días pensando en ello.
- ¿Y qué es esto que te ha sucedido?
- Hace unos tres años aproximadamente, dos hombres un tanto singulares, dos eruditos, me hicieron una petición. Ambos pedían una financiación imperial para su obra. El más joven, de talante inquieto llamado Zamasp intentaba hacer una recopilación de todos los textos del zoroastrismo. El otro, Narsés, de mayor edad y de mayor sabiduría pretendía hacer lo mismo pero con los poetas. Ambas ideas le parecieron buenas al emperador decidió darme pleno poder de decisión sobre el asunto. De modo que mandé que se reunieran conmigo para así comunicarles la decisión. Se me ocurrió ofrecerles una cuantiosa suma de dinero a cambio que no sólo elaboraran una recopilación de su propuesta inicial, sino una recopilación de todo el saber de nuestro imperio. Les di estos tres años de plazo para que lo entregaran, y daría el premio a quien me otorgara la mejor obra. Curiosamente de algún modo la noticia se esparció por Persia y he recibido un total de 23 obras de distintos autores, por lo que me he visto obligado a formar una comitiva de sabios para que elijan el mejor.- Es una tarea muy ambiciosa, pero una brillante idea, incluso es probable que el gran nombre de nuestro emperador sea recordado no sólo por sus hazañas sino por haber fomentado el saber, eso sin duda engrandecerá aun más el nombre de Cosroes. Pero, dejando de lado estas especulaciones, cuéntame entonces el resultado y por qué te encuentro tan distraído.
- Como puedes intuir, Nábedes, las distintas obras, todas muy extensas han ido llegando paulatinamente y tanto el comité como yo mismo, iniciamos la revisión desde el primer envío. A pesar de que el concurso era inicialmente reducido a los dos eruditos decidí aceptarlas todas. Hace unos tres días concedí una audiencia a Zamasp, se mostraba algo disgustado con la participación masiva y me pidió permiso para revisar su obra para así adaptarla a las circunstancias. Su petición me pareció muy razonable así que le concedí una semana como límite pues casi todas las obras están ya revisadas.
Sorprendentemente ayer recibí su recopilación acompañada de una anotación: “he ampliado mi obra original enormemente, hasta su máxima extensión posible”
- ¿Amplió su obra en tan sólo dos días? No me parece que pudiese ampliarla demasiado en tan poco tiempo, supongo que pensaría que ya estaba bastante completa, aunque en ese caso no entiendo por qué pidió más tiempo.
- Aunque parezca raro su anotación es cierta.
- ¿Pero cómo?
- Tu perplejidad no es comparable a la que sentí cuando me hizo entrega de su obra. Es más, pensé que se trataba de un insulto y le exigí una explicación de semejante ofensa a un funcionario imperial bajo amenaza de muerte.
- ¿Pero qué clase de ofensa es esa que me refieres mi amigo Samaran?
- Su “recopilación” consistía simplemente en un conjunto de tapas de fibra de madera para archivar numerosos volúmenes y una pluma para escribir.
- ¿Simplemente te dio los materiales para archivar?
- En efecto, y te aseguro que tras su expiación, no sólo fueron calmados mis ánimos sino que he decidido concederle el premio.
- Disculpa mis dudas mi querido amigo, pero no comprendo por qué merece el premio si no entregó ni una sola página.
- Muy sencillo Nábedes, el joven se excusó con las siguientes palabras: “A sabiendas de que en esta magna empresa han participado muchos sabios de distintos puntos de Persia, no sería de buen proceder elegir sólo una obra, pues ninguna hecha por un hombre puede reunir los saberes de muchos otros. Por lo que le hago entrega de esto, no para que lo utilice con la mejor obra sino para que de todas haga una sola obra y esa será mejor que cualquiera de las partes”
- Sublime.
- Como ves no puedo hacer otra cosa que concederle el premio.
- Ninguna otra cosa.

El susurro del agua acariciaba las notas que emergían de las distintas aves de los jardines, mientras observaba en secreto como la sombra de las dos figuras se alejaba paulatinamente del camino empedrado que da acceso al palacio.

Cuento Persa

1 comentario:

Galo Galarza dijo...

Muy bonita hitoria, lo simple ayuda a lo más complejo.